Un estudio internacional exhaustivo con casi 700 participantes ha demostrado por primera vez que las mujeres con una enfermedad precursora del síndrome de Parkinson presentan significativamente menos atrofia cerebral –es decir, una menor disminución del grosor cortical– que los hombres, a pesar de grados de gravedad clínica comparables. Los resultados, publicados en Nature Communications, sugieren una influencia protectora de genes relacionados con los receptores de estrógenos y podrían conducir a terapias específicas para cada sexo. Esto abre nuevas perspectivas para la prevención y el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas.
Trastorno de conducta del sueño REM (iRBD) como señal de advertencia temprana: una ventana de estudio única
El trastorno de conducta del sueño REM (iRBD) se caracteriza por movimientos violentos durante el sueño, en los que los afectados actúan literalmente sus sueños. Este trastorno es el indicador temprano más fiable de neurodegeneración debida a la acumulación de proteínas tóxicas en el cerebro: más del 70 por ciento de los afectados desarrollan posteriormente Parkinson, demencia con cuerpos de Lewy o, con menor frecuencia, atrofia multisistémica. La enfermedad afecta a las funciones motoras, sensoriales y cognitivas y permite investigar mecanismos protectores antes de que aparezcan síntomas graves.
El equipo de la Université de Montréal analizó 888 resonancias magnéticas de nueve centros en Canadá, República Checa, Reino Unido, Francia, Australia, Dinamarca e Italia. Tras el control de calidad, el estudio incluyó a 687 participantes: 343 con iRBD y 344 controles sanos, con edades equiparadas (aproximadamente 67 años).
Diferencia de género llamativa: menor atrofia en mujeres
Los resultados son claros: en hombres con iRBD, el 37 por ciento de las áreas corticales mostraron atrofia significativa, mientras que en mujeres solo fue el 1 por ciento. Esta discrepancia afectó principalmente a las regiones relacionadas con el movimiento, la percepción sensorial, la visión y la orientación espacial. A pesar de características clínicas idénticas –como la gravedad del trastorno del sueño–, las mujeres presentaron una corteza cerebral más robusta, lo que indica mecanismos biológicos de protección.
Papel clave de los receptores de estrógenos: ESRRG y ESRRA
Para explicar la protección, los investigadores compararon imágenes cerebrales con datos de expresión génica de muestras post mortem de cerebros sanos. Las áreas menos afectadas en mujeres se correlacionaron con una mayor expresión de ESRRG y ESRRA, genes de proteínas similares a los receptores de estrógenos. Especialmente ESRRG, que se expresa más en el cerebro que en otros tejidos, promueve la función mitocondrial, la producción de energía celular y la supervivencia de las neuronas dopaminérgicas, que mueren en el Parkinson. Este mecanismo protege contra la toxicidad de la alfa-sinucleína, la proteína característica del Parkinson.
Datos preclínicos confirman: una mayor actividad de ESRRG preserva las neuronas y ralentiza la progresión de la enfermedad. Las mujeres con Parkinson establecido también muestran un deterioro más lento, lo que respalda este hallazgo.
Implicaciones: Medicina de género y ensayos clínicos
El estudio subraya la necesidad de considerar el sexo como variable biológica en los ensayos clínicos: la aleatorización separada de hombres y mujeres aumenta la potencia estadística y reduce el número de participantes. El ESRRG podría convertirse en una diana terapéutica, por ejemplo, mediante activadores que aumenten la resiliencia neuronal. Esto se acerca a la medicina de precisión, en la que las terapias se adaptan a las características individuales, incluido el sexo.
El RBDi como etapa temprana permite intervenciones antes de daños irreversibles. Los investigadores recomiendan enfoques basados en hormonas para replicar la protección natural en mujeres y adaptarla a los hombres.
Relevancia global: Mejores terapias para millones de afectados
El Parkinson afecta a más de 10 millones de personas en todo el mundo, con una incidencia creciente. Los mecanismos de protección específicos del sexo podrían mejorar los resultados terapéuticos hasta en un 30 por ciento y ahorrar recursos. El estudio multicéntrico, dirigido por Shady Rahayel, profesor de medicina en la UdeM e investigador del Centro de Investigación Avanzada del Sueño, proporciona pruebas sólidas para las directrices internacionales.
Estudio completo: Nature Communications
