La guerra en Irán afecta a la economía sanitaria de EE. UU. a través de los precios de la energía, las cadenas de suministro interrumpidas y los crecientes riesgos de seguridad. Los mayores precios del petróleo y el gas encarecen las operaciones de los hospitales, el transporte y la producción; especialmente las áreas de alto consumo energético como quirófanos, unidades de cuidados intensivos y radiología se ven sometidas a una presión de costes adicional. Al mismo tiempo, aumenta la presión sobre los precios de las aseguradoras, que a medio plazo deben prever un aumento de los gastos por prestaciones y ajustes en las primas y estructuras tarifarias.
En la industria farmacéutica, no son tanto las importaciones directas de Irán las que están en el punto de mira, sino más bien los efectos en cascada a través de las cadenas globales de materias primas, productos intermedios y logística. Los crecientes costes de los principios activos y los materiales de embalaje, los retrasos en el transporte marítimo y aéreo, así como las incertidumbres en las cadenas de suministro petroquímico, afectan especialmente a los fabricantes de genéricos con márgenes ajustados. Por el contrario, las grandes corporaciones intensivas en investigación con una amplia presencia geográfica y un alto poder de fijación de precios pueden absorber mejor las cargas y repercutirlas en parte.
La tecnología médica, el diagnóstico y los materiales fungibles también sienten las consecuencias: las empresas dependen de las mismas rutas de transporte, mientras que las existencias de almacén solo retrasan el impacto. Los hospitales y centros de atención de EE. UU., que todavía luchan con las secuelas de la pandemia y la escasez de personal, ven amenazada su estabilidad financiera por el encarecimiento de los medicamentos y materiales, así como por el aumento de los costes operativos. Especialmente vulnerables son los centros rurales y las pequeñas redes con una escasa capitalización.
Además, aumentan los riesgos cibernéticos y de seguridad. Los expertos consideran a los hospitales, aseguradoras y empresas farmacéuticas como objetivos potenciales para grupos de hackers dirigidos por el Estado o vinculados a Irán. Los ataques a la TI de los hospitales, las plataformas de telemedicina o las instalaciones de producción podrían retrasar los tratamientos, forzar pagos de ransomware y debilitar la confianza en las infraestructuras críticas. Los proveedores de soluciones de ciberseguridad especializados en el sector sanitario registran, en consecuencia, una creciente demanda.
En los mercados de capitales, el conflicto intensifica las tendencias existentes. Mientras que los índices generales sufren la incertidumbre geopolítica y la mayor presión de los tipos de interés, partes del sector sanitario se consideran defensivas y siguen teniendo demanda. Los ganadores tienden a ser las grandes farmacéuticas y las empresas del ámbito de la atención de emergencia y traumatología, mientras que los perdedores son más bien los productores de genéricos, las cadenas hospitalarias muy endeudadas y las empresas de tecnología médica dependientes de la logística. Estratégicamente, la política se centra en el nearshoring de la producción de principios activos, la diversificación de las rutas de transporte, mayores existencias de seguridad y directrices más estrictas sobre la resiliencia de las infraestructuras sanitarias críticas.
