Los primeros 100 días del gobierno federal bajo Friedrich Merz fueron una oportunidad para reposicionar a Alemania como un centro global de innovación. Pero en lugar de reformas audaces, la coalición negro-roja ofrece una política de oportunidades perdidas. Especialmente flagrante es el fracaso en introducir un sistema de puntos al estilo canadiense para atraer especialistas internacionales. Este error estratégico debilita de forma sostenible el poder de innovación de Alemania, mientras que errores de cálculo elementales en la política de Merz impulsan al país al estancamiento. Este editorial ilumina por qué la falta de una reforma de la inmigración es un asesino de la innovación y dónde residen las debilidades fundamentales del gobierno.
Un sistema de puntos como un cambio de juego perdido
Alemania sufre una grave escasez de mano de obra cualificada que estrangula la capacidad de innovación de la economía. Según el Instituto de la Economía Alemana, solo en el sector de TI faltan más de 120.000 profesionales cualificados, y la escasez es cada vez más palpable en áreas clave como la IA, la biotecnología y las energías renovables. Países como Canadá han establecido un modelo con su sistema de puntos Express Entry que atrae selectivamente a profesionales altamente cualificados. Los puntos se otorgan por cualificaciones, experiencia laboral, conocimientos de idiomas y adaptabilidad, lo que permite una selección rápida y transparente. Desde 2015, Canadá ha integrado así decenas de miles de talentos cada año que dinamizan la economía.
El gobierno de Merz, en cambio, apuesta por una política migratoria restrictiva que prioriza el cierre sobre la apertura. El endurecimiento de los controles fronterizos y la finalización de programas de acogida, por ejemplo para profesionales afganos, envían una señal fatal: Alemania no es un destino atractivo para talentos internacionales. En lugar de introducir un sistema de puntos que atraiga selectivamente a ingenieros, programadores o investigadores climáticos, el gobierno se pierde en medidas populistas como la suspensión de la reunificación familiar. Esta política ignora que la innovación vive de la transferencia de conocimiento global. Mientras países como Australia y Singapur atraen talentos de todo el mundo con sistemas similares, Alemania bajo Merz permanece atrapada en una estrechez mental nacional.

Política económica sin impulso innovador
Las medidas de política económica de Merz refuerzan este error. La abolición de la ley de cadenas de suministro y la prevista reducción del impuesto sobre la electricidad alivian a las empresas a corto plazo, pero no fomentan ni las tecnologías disruptivas ni la atracción de personal cualificado. Las "amortizaciones turbo" para inversiones son un compromiso burocrático que apoya las estructuras existentes, pero no incentiva las tecnologías del futuro como la IA o el hidrógeno. El anuncio de un ministerio de digitalización suena prometedor, pero sin experiencia internacional, la digitalización de la industria seguirá siendo un sueño. Sin un sistema de puntos que atraiga a especialistas en TI o científicos de datos, Alemania seguirá rezagada en el ámbito digital.
El gobierno además ignora la realidad demográfica: con una población envejecida, faltan las mentes para impulsar la innovación. Canadá muestra cómo se hace: allí se integran anualmente más de 400.000 inmigrantes, muchos de ellos altamente cualificados, mientras Alemania lucha con obstáculos burocráticos y un sistema de visados restrictivo. El enfoque de Merz en la protección fronteriza en lugar de la inmigración selectiva es un camino estratégico equivocado que socava la competitividad del país.
Aislamiento en política exterior en lugar de atracción global
El enfoque de Merz en política exterior agrava la crisis de innovación. Sus viajes a París y Varsovia fueron simbólicos, pero faltan iniciativas concretas para la cooperación europea en investigación e innovación. La reducción de la ayuda al desarrollo señala retirada en lugar de asociación global, una señal fatal en un momento en que la protección del clima y la investigación sanitaria requieren cooperación internacional. Un sistema de puntos podría posicionar a Alemania como un socio atractivo que atraiga talento de países emergentes, pero la política de Merz apuesta por el aislamiento nacional. Esto no solo contradice el espíritu de la UE, sino que aísla a Alemania en una sociedad del conocimiento globalizada.
Error de pensamiento: populismo en lugar de estrategia
El error fundamental del gobierno de Merz reside en su priorización: en lugar de apostar por inversiones a largo plazo en educación, investigación e inmigración selectiva, domina el populismo a corto plazo. El endurecimiento de la política de asilo puede asegurar votos, pero ignora la necesidad económica de personal cualificado. La "nueva garantía básica" con sanciones más severas para los desempleados es otro ejemplo de una política que castiga en lugar de fomentar. La innovación no surge de la disuasión, sino de los incentivos; un sistema de puntos sería un incentivo así, pero Merz deja pasar esta oportunidad.
Los obstáculos legales para un sistema de puntos son manejables: Canadá ha demostrado que un modelo de este tipo es compatible con las prioridades nacionales y las directivas de la UE. Sin embargo, al gobierno de Merz le falta la voluntad política para implementar un sistema así. En su lugar, domina el miedo a las críticas populistas, que ahogan cualquier reforma en su germen. El resultado es una política que combate los síntomas pero ignora las causas: la escasez de mano de obra cualificada y la falta de atractivo de Alemania para el talento global.
Conclusión: Un país en una encrucijada
Los primeros 100 días bajo Friedrich Merz muestran un gobierno que pone en peligro la capacidad de innovación de Alemania por omisión. La falta de introducción de un sistema de puntos al estilo canadiense es un error central que bloquea la contratación de especialistas internacionales. Sin estos talentos, Alemania se rezagará en áreas clave como la digitalización, la protección del clima y la IA. La política de aislamiento y alivios a corto plazo de Merz es un paso atrás en un momento que clama por una apertura global y una visión estratégica. Si el gobierno no cambia de rumbo, corre el riesgo de debilitar permanentemente a Alemania como centro de innovación. Un sistema de puntos sería un primer paso en la dirección correcta, pero el tiempo apremia.

