Cambridge (LabNews Media LLC) – Las directrices actuales sobre actividad física y consumo de proteínas son demasiado bajas y solo pretenden evitar deficiencias. Para prolongar realmente la esperanza de vida saludable, es decir, los años en buena forma física y mental, se necesitan valores significativamente más altos. Argumenta esto el científico británico Chris Macdonald en un artículo de perspectiva publicado en la revista especializada Frontiers in Nutrition (DOI: 10.3389/fnut.2026.1853124).
Macdonald critica que las recomendaciones existentes se basan principalmente en datos de la década de 1990 y se centran principalmente en poblaciones sedentarias. Sin embargo, estudios más recientes muestran que mayores volúmenes e intensidades de ejercicio, así como un mayor consumo de proteínas, aportan beneficios adicionales significativos.
Por ejemplo, una combinación de entrenamiento de resistencia y fuerza se asocia con una reducción de hasta el 40 % en la mortalidad general. El entrenamiento de fuerza se considera una de las medidas más eficaces contra la sarcopenia (pérdida de masa muscular relacionada con la edad) y reduce el riesgo de caídas hasta en un 60 por ciento, así como el riesgo de fracturas en más de un 80 por ciento. Al mismo tiempo, un mayor consumo de proteínas (muy por encima de las recomendaciones actuales) mejora el desarrollo muscular, la recuperación y la calidad de vida, incluso en personas mayores y embarazadas.
El autor insta a los gobiernos a revisar fundamentalmente las directrices y a pasar de meras recomendaciones mínimas a recomendaciones que promuevan una esperanza de vida saludable óptima. Esto también incluye una mejor comunicación para que la población realmente implemente los nuevos objetivos.
„Las directrices actuales no logran el objetivo de ayudar a las personas a mantenerse fuertes, independientes y con un rendimiento cognitivo óptimo“, escribe Macdonald. Un mayor enfoque en cantidades más altas de ejercicio y proteínas podría prevenir pérdidas funcionales evitables y reducir la carga de enfermedades crónicas.
El artículo aboga por el desarrollo dinámico y basado en la evidencia de las directrices, con un mayor enfoque en la promoción de la resiliencia y la calidad de vida.
