Investigadores de la Universidad de Graz desarrollan péptidos modificados que deberían neutralizar las bacterias resistentes de forma extremadamente rápida y específica. Las sustancias se basan en los agentes de defensa propios del cuerpo y podrían representar una alternativa prometedora a los antibióticos convencionales. Los primeros resultados de un proyecto financiado por el Fondo Austriaco de Ciencia (FWF) son alentadores. El estudio se presentó el 23 de marzo de 2026 en la revista científica Scilog.
Los microbios resistentes a los antibióticos se encuentran entre las mayores amenazas para el sistema sanitario moderno. Especialmente en los hospitales, las infecciones tras intervenciones rutinarias como las operaciones de cadera pueden derivar rápidamente en complicaciones difíciles de tratar, llegando incluso a una sepsis potencialmente mortal. En caso de shock séptico, las posibilidades de supervivencia disminuyen aproximadamente un ocho por ciento por cada hora de infección no tratada.
Nermina Malanovic, del Instituto de Biociencias Moleculares de la Universidad de Graz, apuesta por péptidos antimicrobianos que forman parte de la inmunidad innata. Estas pequeñas estructuras proteicas destruyen los patógenos invasores en la piel y las mucosas. En el proyecto actual del FWF «Best-in-Class Novel Antimicrobial and Antiseptic Peptide» (2023-2027, subvención de 399.000 euros), estos péptidos se modifican específicamente para hacerlos aptos para su uso en la sangre.
Los principios activos se basan en la catelicidina humana LL-37 y una variante acortada llamada OP-145 con 24 aminoácidos. Mediante cambios específicos en la secuencia de aminoácidos y la estructura helicoidal, los péptidos se adhieren electrostáticamente a las membranas de carga negativa de las bacterias. En cuestión de minutos, perforan la membrana celular, liberan el contenido celular y matan al patógeno, más rápido de lo que pueden desarrollarse resistencias.
Una ventaja decisiva: los péptidos modificados son altamente selectivos y apenas atacan a las células humanas. Además, se unen a desencadenantes de inflamación bacteriana como lipopolisacáridos (LPS) y lipoteicoicos (LTA), los enmascaran y evitan así una reacción inmunitaria exagerada que, en caso de sepsis, conduce a un fallo circulatorio potencialmente mortal.
Trabajos anteriores habían demostrado que los péptidos naturales a menudo eran demasiado inespecíficos o se unían rápidamente en la sangre. Las variantes actuales muestran en experimentos de laboratorio propiedades significativamente mejoradas en cuanto a selectividad, estabilidad y efecto antiinflamatorio.
Malanovic y su equipo trabajan ahora en la optimización adicional de las moléculas, así como en la creación de infraestructuras de investigación especializadas, incluidos modelos animales adecuados para pruebas de péptidos. Las barreras regulatorias y la concienciación de la industria farmacéutica y los inversores siguen siendo desafíos. La investigadora ve un enorme potencial: además de combatir gérmenes resistentes, los péptidos optimizados podrían utilizarse en el futuro para combatir el cáncer o los mohos en los alimentos. Ya se ha solicitado una patente para un péptido antimicrobiano, y otra para aplicaciones en oncología.
Nermina Malanovic es jefa de grupo de científicos senior en el Instituto de Biociencias Moleculares de la Universidad de Graz. Obtuvo su habilitación a principios de 2026 y dirige el proyecto desde 2023.


